Rutas Naturales
Itinerarios Medioambientales.
Las albuferas de Adra
Entorno natural
En el delta del río Adra se localiza un humedal considerado internacionalmente de alta importancia ecológica. Es el de las Albuferas de Adra.
El origen de las mismas fue ocasionado por el aislamiento de bahías litorales que se cerraron al mar por aportes sedimentarios, formándose así lagunas costeras. El último proceso se llevo a cabo en el presente siglo, dando lugar a la Albufera Nueva.
Las características salobres de sus aguas han originado una comunidad de plantas acuáticas que, aunque hoy en día bastante empobrecida, presenta a Najas marina y Potamogetón pectinatus como especies más representativas. Entre la vegetación palustre que emerge, cerrando a las charcas en todo su perímetro, la planta omnipresente es el Carrizo, estando acompañada por la Juncia basta, la Enea y la Castañuela en las zonas aledañas al agua; y por los Juncos, la Cañavera y el Taray en las periféricas.
En las aguas también podemos encontrarnos peces como el Pejerrey o el Fartet (éste último endémico y en peligro de extinción) y reptiles como el Galápago leproso y la Culebra de agua.
Con un poco de paciencia, entre la vegetación palustre se puede observar a la Ranita meridional, la Culebra de escalera o la Comadreja.
No obstante, son las aves (con más de 140 especies identificadas) las que le dan la mayor calidad ecológica al medio. Entre las propias de carrizal se puede detectar al Ruiseñor bastardo, a los Carriceros común y tordal, al Pájaro moscón o al Escribano palustre. Y alimentándose en el espacio aéreo al Vencejo común, a la Golondrina común y al Avión zapador. Pero las que destacan en importancia son las aves acuáticas. Entre ellas vemos al Somormujo lavanco, a la Focha común, al Ánade azulón y, destacando, a la Malvasía cabeciblanca. Este último pato buceador, amenazado mundialmente, utiliza en la actualidad a las Albuferas como principal zona europea para su invernada y reproducción.
La Ruta
Dar a conocer al visitante la gran importancia ecológica que presenta la Reserva Natural de las Albuferas de Adra, es uno de los principales objetivos que se pretenden llevar a cabo con la realización de este itinerario.
Para llegar al punto de partida, tomamos la N-340 en el tramo Puente del Río (Adra)-Balanegra (Berja), donde existe un cartel de señalización oficial de Reserva Natural (entre el kilómetro 395 y el 396). Una vez allí, andamos en dirección a Balanegra unos 50 m, hasta llegar al primer camino ascendente en el margen norte de la carretera general. Subiendo por esta vía hasta la llanura superior, obtenemos una óptima panorámica del complejo natural.
Volviendo sobre nuestros pasos al cartel indicativo inicial, descendemos por el camino hasta llegar a una puerta existente en la valla metálica que rodea a la Albufera Nueva, acceso que nos conducirá a la caseta de observación, previa obtención de permiso oficial. Dentro de la "Casa de matas" podemos contemplar una perspectiva de la laguna Nueva y sus aves acuáticas. Este es uno de los puntos de observación permitidos al público, que más nos acerca al ambiente lacustre, ya que para acceder al mismo tendremos que atravesar un tramo de espesa vegetación palustre.
Volviendo hasta la antigua Nacional, nos dirigimos esta vez en dirección a Adra, subiendo por un camino secundario en cuesta, nuevamente en el margen norte de la carretera. Entonces llegamos a unas casas aisladas desde donde podemos visualizar en primer plano la otra laguna principal de las Albuferas, la Honda y su entorno, finalizando aquí nuestra ruta.
La Costa
El Entorno Natural
Adra se encuentra situada en las estribaciones de la Baja Alpujarra, a orillas del Mar Mediterráneo. Este marco estratégico le ha conferido, desde siempre, gran importancia histórica. Asimismo, la riqueza y calidad de sus aguas marinas han sido, reiteradamente, focos de atracción para el hombre por motivos diversos: comercio, pesca, turismo, etc.
En la franja litoral abderitana predomina, a lo largo de toda su extensión, la playa arenosa, si bien existen ciertos puntos donde los montes de la Contraviesa se abaten al mar. En ellos, localizados principalmente en el extremo oeste del municipio, se dan formaciones rocosas como acantilados, islotes y fondos pedregosos costeros.
Desde el punto de vista ecológico, mientras que en el medio supralitoral (terrestre) existen plantas características y adaptadas al ámbito salino reinante, como la Margarita de mar, el Perejil de mar o el Salado, es en los hábitats meso (rompeolas) e infralitoral (subacuático) donde se puede observar la mayor diversidad florística. En los fondos arenosos se localizan, puntualmente, praderas marinas de Posidonia, siendo los rocosos ocupados por gran variedad de algas rojas, pardas o verdes.
En todas sus playas podemos observar las gaviotas (Gaviotas patiamarilla, reidora o de Audouin) y las aves limícolas que descansan o se alimentan en las zonas más tranquilas, siendo los puntos rocosos, el entorno más propicio para encontrar a las salamanquesas (común y rosada) o al Avión roquero.
Bajo las cristalinas aguas de nuestro litoral también podemos admirar una rica y variada comunidad animal. Varias especies de estrellas de mar, erizos, crustáceos, moluscos, peces (Meros, Doncellas, etc.) e incluso delfines, conforman, entre otras, la composición zoológica de los fondos.
El óptimo estado de conservación de la costa, avalado por el distintivo europeo de "Bandera Azul", no obstante, puede verse hoy en día amenazado si no somos conscientes de que su ecosistema presenta una fragilidad altamente sensible a la acción humana, La sobreexplotación pesquera y la contaminación del agua y playa por residuos y vertidos incontrolados, podrían inferir negativamente en la calidad ecológica de nuestro saludable litoral.
La Ruta
Nada mejor para conocer nuestra costa que realizar un paseo por su accidentado tramo occidental.
Se inicia nuestro itinerario en la orilla del pequeño delta formado por el Barranco de Periano, entre el kilómetro 385 y el 386 de la N-340. en el intervalo de Adra a La Rábita. A partir de aquí, nuestro camino recorre una amplia playa arenosa, pasando por el Lance de la Virgen hasta llegar al delta de la Rambla de Guainos. En este tramo, y puntualmente, se localizan roqueos marinos como los del Peñón del Cartujo, peñones del Lance de la Virgen, de Calajunco y de Guainos Bajos, estos últimos de difícil transitabilidad. La presencia de dichas formaciones, inmersas en transparentes aguas, invita al baño y al buceo para la observación de su rica y diversa flora y fauna sumergidas.
Pasando Guainos Bajos los roqueos destacan en extensión, dando origen a zonas de costa más escarpada.
Si sorteamos estos abruptos perfiles, iremos llegando poco a poco al delta de la Rambla de La Alcazaba, donde volvemos a encontrarnos con playas arenosas. En este lugar finaliza nuestro recorrido por las singulares y poco alteradas orillas del litoral abderitano.
La costa, vigilada desde antaño por la mirada de la Torre Vigía de Guainos (S. XVI), presenta singulares imágenes dignas de contemplar: canalizaciones de agua colgadas desde antaño en los lugares más escarpados, y tranquilas ensenadas donde poder observar los bandos de gaviotas reposando o a los hombres de mar en su tarea habitual del arte de la pesca.
La Parra
El Entorno Natural
La mayor parte del municipio abderitano lo integran las últimas formaciones montañosas sudorientales de la Sierra de la Contraviesa. Sus laderas, desde el punto de vista ecológico, estaban ocupadas originalmente en sus extremos más altos por el bosque mediterráneo correspondiente al encinar. Sin embargo, desde tiempos históricos, este clímax se ha visto degradado progresivamente por la acción antrópica en la zona, dando como consecuencia otras comunidades vegetales distintas a la ancestral.
Hoy en día, el encinar, aunque prácticamente desaparecido, presenta ciertos puntos relícticos dispersos por el entorno, en los que aún podemos observar formaciones arbóreas dominadas por la Encina, y representadas también por arbustos como el Lentisco, el Enebro y el Torvisco. Su vegetación, adaptada a la sequía ambiental, está poblada por una rica comunidad animal compuesta, por ejemplo, por el Sapo común, el Abejaruco, la Curruca mirlona o la Gineta. La degradación de este ecosistema conlleva la pérdida de suelo y la aparición posterior de formaciones vegetales como los retamales y los matorrales seriales, ampliamente distribuidos por el municipio. En ellos se encuentran, entre otras, la Retama, la Aulaga, la Bolina y el Romero, formando tupidas masas. Entre estos arbustos se alimentan la Culebra bastarda, la Perdiz común, el Águila perdicera, el Conejo y la Cabra montés.
En las zonas más degradadas, la pérdida de tierra por erosión hace que en ellas solo se encuentren espártales, tomillares y pastizales, donde el Esparto, los tomillos y diversas especies nitrófilas conforman la cobertura vegetal. En estas áreas podemos detectar animales adaptados a espacios abiertos, como la Lagartija colilarga y la Cogujada montesina.
Pese a existir áreas bien conservadas, la tala abusiva, la quema incontrolada, el excesivo pastoreo y el uso de leña para las fundiciones de plomo, han sido, entre otros, los principales motivos que han ocasionado la pérdida y el empobrecimiento de los valores originales del entorno en algunas zonas, originando en ellas un proceso de degradación muy avanzado.
La Ruta
En el itinerario que vamos a realizar se pretenden mostrar los restos supervivientes del encinar, así como las distintas comunidades ecológicas resultantes de su degradación.
En el punto kilométrico 386 de la N-340 próxima a Adra, a la altura del antiguo camping las Gaviotas, iniciamos la ruta en el desvío de la comarcal que lleva a La Parra.
El inicio del ascenso está dominado por la agricultura bajo plástico hasta las proximidades del Cortijo del Manco. A partir de aquí, la presencia humana disminuye, dando paso a formaciones vegetales de origen natural. En los aledaños del citado cortijo podemos observar sobre suelos degradados, tomillares y pastizales nitrófilos que van a seguir apareciendo pasado el Barranco de Periano. Desde aquí, y en terrenos de mayor sustrato, comienzan a asentarse los primeros espártales.
Tras recorrer unos 3 km., seguimos subiendo hasta las laderas orientadas hacia la Rambla de Guainos, donde se observa una panorámica general del entorno, con vistas del promontorio del "Diente de la Vieja" en el Calar y de varias cortijadas. Este es el momento en el que, de forma esporádica, comienzan a aparecer matorrales seriales en suelos mejor conservados, dando lugar en alturas superiores a formaciones más tupidas.
Siguiendo por la carretera comarcal y en las proximidades de la cortijada de La Parra, se hacen más patentes los cultivos de almendros, alternados con la vegetación espontánea de romerales, aulagares y retamales. Situados en la cortijada, dejamos el vehículo y tomamos la vereda descendente que comienza tras las últimas casas. Al inicio de este trayecto a pie nos encontramos con una de las pocas encinas centenarias relícticas que quedan en el lugar, símbolo de lo que fue nuestro antiguo bosque. Si seguimos caminando por el sendero que nos conduce a la Fuente de La Parra, retornaremos de nuevo a la carretera comarcal. En las laderas que quedan a esta altura se pueden apreciar varias manchas de chaparral (encinar joven) sobre suelos profundos bien conservados.
Tras volver a la cortijada y observar la arquitectura popular alpujarreña, seguiremos el trayecto en vehículo hasta la Ermita de San Isidro (S. XVIII) en el Barranco Almerín, de este modo pasaremos al oeste de la Rambla de Guainos. En las inmediaciones de la ermita se celebra, el domingo más próximo al 15 de mayo, la fiesta popular que le da su nombre.
Descendiendo por las vertientes opuestas de la rambla y al pasar por varias cortijadas, como los Pérez y el Caparrillo, observamos, dominando el paisaje sobre balates y paratas, cultivos de almendro con manchas dispersas de vegetación autóctona (chaparrales, matorrales, etc.). Conforme seguimos el descenso, paulatinamente volvemos a encontrarnos con suelos cada vez más degradados, asociados a poblaciones vegetales y animales progresivamente más empobrecidas. En alturas menores, los tomillares y los pastizales reaparecen dominando el paisaje. Es aquí, y sobre un promontorio, donde se observa un antiguo torreón vigía conocido como la Torre de Guainos, construida desde el S. XVI para la prevención de incursiones y ataques de navíos hostiles. A partir de este lugar, la influencia marina se vuelve a hacer patente en el medio, reapareciendo de nuevo los cultivos bajo plástico.
El trayecto finaliza en el enlace de la comarcal con la N-340 contiguo a Guainos Bajos.
La Rambla de Guainos
El Entorno Natural
La rambla, que nace en el municipio de Turón y desemboca en la playa de Guainos Bajos, es una de las de mayor extensión de Adra.
Ésta, como otras ramblas, presenta unas características ecológicas particulares, marcadas principalmente por la inestabilidad e irregularidad en su caudal de agua. Ello conlleva una alternancia de fases con mayor o menor humedad, siendo la predominante la de sequía y quedando la húmeda reducida a cortos intervalos invernales donde las lluvias originan, a veces, avenidas más o menos torrenciales.
Este carácter estacional presenta asociada una composición florística particular, dominada por la Adelfa y el Taray, apareciendo en las zonas de mayor suelo y/o humedad también la Zarzamora, el Álamo blanco, el Falso junco y los Sauces.
Ligada a la gran variedad botánica existente, la fauna es igualmente rica, ya que la rambla actúa a modo de "foco arterial" originario de la biodiversidad del entorno semiárido, por la presencia de agua. Las especies que destacan son el Sapo corredor, el Lagarto ocelado, el Búho real, el Avión roquero, el Jabalí y Cabras Montesas.
Los recursos naturales asociados a la rambla, también han atraído desde antaño al hombre, que la ha utilizado como fuente de riqueza, cultivando sus márgenes, aprovechando sus aguas para usos múltiples y utilizándola, además, como vía de comunicación.
La Ruta
A lo largo de este itinerario, vamos a conocer las características naturales de una rambla mediterránea.
Comenzamos el camino en la carretera comarcal que enlaza La Parra con el Barranco de Almerín, a la altura de la intersección de ésta con el cauce de la rambla. Se accede al punto tomando la comarcal en el kilómetro 386 de la N-340, próximo al antiguo camping Las Gaviotas. Proseguimos la ruta descendiendo el barranco en un intervalo de cauce ensanchado, que da lugar a su aprovechamiento para cultivos de regadío junto a Sauces, Granados y algunos ejemplares aislados de Álamos.
Paulatinamente vemos como se va estrechando la rambla, hasta llegar a momentos donde se originan angostas gargantas que incluso dificultan el paso de transeúntes.
Tras recorrer las cerradas, el visitante vuelve a contemplar como el paisaje se abre, dando lugar nuevamente a un tramo con frescas alamedas, acequias y huertos tradicionales. Entre los cultivos descubrimos unas canalizaciones que nos conducen a un antiguo molino de agua, hoy en desuso.
Al pasar unas curvas del barranco, nos adentramos en otro estrechamiento en el que existen puntos dispersos donde aflora alegremente el agua, dando lugar a una explosión de vida caracterizada por vegetación de ribera (Falso junco, Menta, Culantrillo y otros helechos, etc.) y fauna acuática asociada (Zapateros, Chinches acuáticos, Ranas comunes, etc.).
Tras recorrer unos metros llegamos a la hoy desaparecida Huerta, donde podemos admirar la espectacular talla de La Pedriza, en la vertiente oeste de la rambla.
En el descenso, y a lo largo de todo el camino, discurre nuevamente un sistema de acequias excavado en la piedra, que recoge y canaliza el agua dirigiéndola hacia varias huertas y molinos harineros, que aunque abandonados, aún se resisten a desaparecer.
Continuando el trayecto barranco abajo, nos adentramos nuevamente en un cerrado pasillo conocido popularmente como las Estrechuras de Guainos. Esta galería, excavada por el agua en la roca madre con el paso de los siglos, provoca el asombro de los transeúntes por su singularidad y belleza.
La angostura acaba abriéndose nuevamente en su punto más bajo, dando lugar al último tramo abierto. A partir de este momento, el hombre vuelve a hacer acto de presencia, con casas habitadas y cultivos. Manifestación que se hace más patente en el núcleo de Guainos Altos, donde aún perduran construcciones de arquitectura popular de la Baja Alpujarra.
El final del itinerario se completa con un trayecto entre invernaderos, hasta desembocar al mar en el pequeño delta originado por la rambla.
El Río de Adra
El Entorno Natural
En Adra se encuentra la desembocadura de un gran río que viene de las montañas de Solair (Sierra Nevada), recibiendo las aguas de Berja y otras comarcas, y se arroja al mar" (Al-Idrisí, geógrafo árabe del siglo XII).
Este cauce fluvial, próximo a la localidad abderitana, presenta un curso permanente de agua durante todo el año, dándole un carácter excepcional en el árido sudeste ibérico. En el tramo bajo, la constancia de su caudal y la formación de un amplio y fértil delta, fueron determinantes para que en él se dispusieran asentamientos fenicios, romanos, musulmanes, etc., en un período que abarca desde el S. VIII a. C. hasta nuestros días.
Este característico hábitat, donde la presencia de agua destaca como factor regulador, trae asociada una vegetación propia de medios riparios (galería de río). Ésta actúa como un "oasis" de vida dentro del ambiente seco reinante en la región. La comunidad botánica original, en este caso, estaba representada por plantas de ribera como el Álamo blanco, que daba lugar a extensas formaciones, el Chopo, el Taray y los Sauces.
Dicha composición, no obstante, hoy en día ha sido desplazada por la Cañavera, esta gramínea, de origen oriental e introducida por el hombre en siglos anteriores, en la actualidad ocupa la mayor extensión del lecho. La gran diversidad vegetal que ofrece el medio se completa con otras especies como la Juncia, la Madreselva, la Zarzamora o la Enea.
Con respecto a su fauna, cabe señalar que ligadas a la óptima calidad del agua se presentan especies características como el Escarabajo acuático, el Fartet (pez endémico en peligro de extinción), la Culebra de agua y la Rata de agua. Además, entre la vegetación riparia se puede observar una gran diversidad zoológica. Los caballitos del diablo, la Ranita meridional, la Oropéndola, el Ruiseñor común y el Lirón careto, son algunas de las especies más características del biotopo.
Para completar la descripción del medio, es necesario, mencionar que la gran riqueza y fertilidad de su ecosistema ha dado lugar al uso del mismo por parte del hombre desde tiempos pasados, incluso llevando a cabo desvíos artificiales del lecho. La red de acequias y balsas para riego, los molinos harineros, los cultivos de regadío abancalados y la arquitectura tradicional alpujarreña, son ejemplos de una presencia antrópica desde siempre en equilibrio con el entorno natural. No obstante, hoy en día, el uso masivo de agua y tierras de labranza, han empobrecido enormemente el medio.
La Ruta
Vamos a descubrir los valores naturales del ambiente ripario, realizando el recorrido por un intervalo de su curso.
Para acceder a la ruta que se pretende realizar, comenzamos tomando la carretera comarcal de acceso a La Alquería desde la N-340 (entre los puntos kilométricos 389 y 390). Una vez llegado al punto donde se coge el desvío de bajada a la antigua barriada de Majaroba, habiendo pasado La Alquería y ya en el término municipal de Berja, iniciamos nuestra andadura.
A partir de aquí y a pie, bajamos por el camino de acceso al lecho hasta llegar al margen del río, donde podemos observar un viejo puente colgante abandonado. Siguiendo el sendero nos acercamos a visitar Majaroba, con edificaciones de arquitectura popular y cultivos tradicionales de regadío. Desde su situación panorámica obtenemos una visión abierta del valle.
Volviendo sobre nuestros pasos hasta llegar nuevamente a orillas del cauce, lo acompañamos en su descenso por el margen izquierdo. Metros más abajo, cruzamos el caudal hasta la orilla opuesta. A continuación, el trayecto estará dominado, siempre siguiendo el camino, por los sucesivos cambios de margen de río.
Bajando entre la tupida vegetación de Cañas y Álamos que alterna con huertas de labranza, nos acercamos hasta una zona donde el curso se dirige hacia el Este, en las inmediaciones del cortijo de Potriles. En el mencionado tramo se impone la vegetación natural, siendo escasa la presencia humana. Este es el intervalo donde tenemos la ocasión de poder observar la mayor diversidad ecológica de la ruta.
Tras recorrer el trayecto mejor conservado, vemos paulatinamente como el río va perdiendo parte de su caudal por canalización del agua para riego. A partir de la confluencia de Río Chico con el lecho principal, la degradación se hace más patente y vuelven a aparecer los cultivos, en este caso mayoritariamente bajo plástico. El agua en el cauce desaparece, ya por completo, metros más abajo.
Discurriendo en bajada por su lecho seco nos acercamos a La Alquería, antigua Adra La Vieja que en época musulmana acogía a la principal población de nuestra villa. En esta barriada se conserva una iglesia del S. XVIII y entre sus callejuelas se observan ejemplos de arquitectura popular alpujarreña. En el lugar, aunque dominan los cultivos de invernadero, aún podemos ver el laboreo realizado por bestias de tiro.
Siguiendo la bajada hasta el final del itinerario en la Cuesta del Borrego, se observan, en el margen derecho del cauce, los últimos supervivientes de la amplia alameda que constituía la galería de río original.
Los Humedales del Poniente Almeriense
El Entorno Natural
A pesar de que el sureste peninsular se enmarca en una región de clima semiárido, en el Poniente Almeriense podemos encontrar un rosario de humedales, que le confieren a la zona una alta y singular importancia para las aves que los utilizan como áreas de descanso en sus rutas migratorias, núcleos de reproducción o localidades de invernada.
Dependiendo de sus características ecológicas, existen dos tipos de zonas húmedas diferenciadas según la profundidad y la salinidad de sus aguas.
Así, las Albuferas de Adra y la Cañada de las Norias, de aguas profundas, permanentes y con una baja concentración en sales, presentan, cinturones de vegetación palustre (Carrizo, Enea, Juncos, etc.) que rodean en su totalidad a las láminas de agua. Mientras que las Salinas de Guardias Viejas, los Charcones de Entinas-Sabinar y las Salinas de Cerrillos, de aguas someras, salinas y con fluctuaciones estaciónales, se caracterizan por poseer franjas de vegetación palustre únicamente en sus extremos, donde reciben el aporte de agua dulce, estando el resto de los márgenes de las mismas cubiertos por la comunidad botánica de saladar (Sosa alacranera, Siempreviva, Frankenia corimbosa, Jopo de lobo, etc.). En los Charcones de Entinas-Sabinar, además, rodeando el borde sur del saladar, nos encontramos con una interesante y bella formación de dunas estabilizadas, donde el Lentisco y la Sabina cubren con sus entramadas ramas y raíces el ondulante paisaje.
La diferenciación de las características físicas y de vegetación de ambos tipos de lagunas, también conlleva la existencia de distintas composiciones faunísticas en ellas. Así, en los humedales profundos y poco salinos encontraremos principalmente pájaros de carrizal (Carricero común, Ruiseñor bastardo, etc.) y aves acuáticas flotadoras (Zampullín chico, Ánade azulón, Malvasía cabeciblanca, Focha común), mientras que en los someros y salinos, aves estepáricas ligadas al saladar (Aguilucho cenizo, Alcaraván, Terrera marismeña, etc.), así como especies asociadas al medio que se alimentan andando, como el Flamenco común, el Chorlitejo patinegro, la Cigüeñuela, y el Correlimo común. Estas zonas son también utilizadas como reposada; violas (Gaviotas patiamarilla, reidora o de Audouin). Otras especies faunísticas de nuestros humedales son: el Camarón, el Fartet (pez endémico en peligro de extinción meridional), la Ranita meridional, la Culebra de escalera y la Comadreja.
La acción que el hombre ha llevado a cabo en las lagunas ha sido de muy diversa índole. Mientras que en las Albuferas de Adra, la utilización del suelo para cultivos ha empobrecido la calidad ecológica del medio, en la Cañada de las Norias, la extracción de tierra con fines agrícolas ha dado origen al ecosistema, al superar las excavaciones el nivel del acuífero local. Otros usos antrópicos han consistido en la utilización de zonas húmedas someras (Salinas de Guardias Viejas y de Cerrillos) como salinas industriales, donde la tradicional extracción de sal marina se ha desarrollado desde la época fenicia hasta el presente siglo.
La Ruta
Con la realización de un recorrido diseñado a lo largo del Poniente Alménense, tendremos la ocasión de conocer las distintas localidades húmedas de la región.
Comenzamos nuestro viaje en la Reserva Natural de las Albuferas de Adra, donde, si bajamos a la caseta de observación (a la altura del punto situado entre los kilómetros 395 y 396 de la N-340), previa obtención de premiso oficial de visita, tendremos una visión completa del entorno.
Continuando por la carretera nacional en dirección a El Ejido, llegamos a Balanegra, donde nos desviamos por la comarcal que nos conduce a Balerma, ya en el término municipal de El Ejido. Si atravesamos el núcleo urbano, discurrimos por la carretera, paralela a la costa, que nos lleva a la barriada de Guardias Viejas. Al pasar las últimas casas de la localidad, nos encontramos con el segundo humedal de nuestra ruta, ubicado en la trasplaya de la Ensenada de San Miguel. Se trata de las Salinas de Guardias Viejas. Efectuamos una parada para contemplarlas junto a unas ruinas abandonas de la antigua factoría salinera, cercanas a las balsas romanas de salazón.
Siguiendo por la vía costera, este camino nos lleva, en ascenso, hasta una llanura superior, desde cuyos bordes, o Alcores, se obtiene una vista panorámica de las salinas y su entorno.
Una vez nos ponemos nuevamente en ruta, accedemos a la intersección con una comarcal (en el tramo Matagorda-Almerimar), que la cogemos en dirección Este hasta llegar a una rotonda, rodeándola y siguiendo en la misma dirección, dejamos la carretera para asomarnos nuevamente a los Alcores, esta vez situados sobre los Charcones de Entinas. Desde aquí contemplamos la bella imagen que se nos aparece frente a nuestros ojos: una singular Reserva Natural entre charcas y dunas.
Procediendo nuevamente a la consecución del recorrido, siempre en dirección a Roquetas de Mar, volvemos a desviarnos, esta vez por la vía que nos conduce al Faro de Punta Sabinar, donde realizamos una nueva parada para descubrir los característicos elementos de su comunidad dunar.
Volviendo otra vez a la carretera costera, seguimos en dirección Este bordeando las Salinas de Cerrillos hasta su extremo de levante. Al final de las mismas y tras coger un camino que nos conduce a la playa, realizamos una parada para visualizar una perspectiva del Paraje Natural salinero. Al otro lado del camino tenemos la ocasión de acercarnos a unas charcas de origen artificial donde diversas especies de aves acuáticas, acostumbradas a la presencia humana, pueden observarse muy de cerca.
Tomando a continuación por la carretera de la Mojonera que nos conduce a El Ejido, llegamos, poco antes de la barriada de Las Norias, a la última de nuestras zonas húmedas a visitar, hablamos de la Cañada de las Norias. En ella, y mediante varias paradas podemos contemplar su singular composición ecológica, finalizando de esta forma el itinerario por los humedales de la comarca.
